¿Qué han conseguido con ello? Nada. Bueno, lo que sí han conseguido es que ella esté tremendamente orgullosa de sus pechos y de que los luzca parcialmente allá donde va, cosa que nos alegra la vida a los que tenemos una rutina como la mía, tediosa y parca en emociones. Aquí tenéis las declaraciones originales de la propia Katy en su cuenta de Twitter:
En el instituto me llamaban ‘over the shoulder boulder holder’ (un término de argot para referirse a un sujetador grande), ahora me llaman tía buena.
Se conoce que los chavales deben haber cambiado de opinión con respecto a las cualidades frontales de la artista, y con razón, ya que más que objeto de burla debieran ser objeto de devoción, en todo caso. De hecho, hasta podríamos decir que ella misma sacó una motivación de todo ese acoso verbal para convertir la mofa en motivo de orgullo propio, ya que según leemos, pasó de querer una reducción de pechos a querer tenerlos enormes… una decisión acertada. Aquí podemos comprobarlo:
Me recuerdo de forma muy vívida arrodillada al lado de mi cama con nueve años, rezando y pidiéndole a Dios que me diera unas tetas que fueran tan grandes que, si me tumbaba sobre mi espalda, no pudiera ver mis pies. Al final, mi petición me fue concedida.
Con lo cual queda más que de sobra demostrado que lo que de pequeños no nos gusta, según vamos creciendo, nos va encantando: las lentejas, el café, la cerveza, el tabaco, los pechos de Katy Perry… Larga vida a la madurez y a los cambios de opinión. Y a los compañeros de instituto de Katy Perry, decirles simplemente una cosa: ¡EPIC FAIL, listillos! ¡EPIC FAIL!






